La Sociedad Civil y la Cultura

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Cada vez que invocamos la palabra”cultura”, lo hacemos para opinar,sentenciar y juzgar como otros gestionan, hacen y deshacen políticas culturales con mayor o menor fortuna. Y digo “hacemos” porque me da la sensación de que uno como receptor de la cultura y ciudadano que es, se ha limitado a un papel pasivo en todo este complejo entramado cultural-económico.

La cultura es una responsabilidad del Estado como establece el art 44 de la Constitución Española:

1. Los poderes públicos promoverán y tutelarán el acceso a la cultura,a la que todos tienen derecho.

2. Los poderes públicos promoverán la ciencia y la investigación científica y técnica en beneficio del interés general.

Nuestra constitución declara la cultura como servicio público y le otorga un reconocimiento productivo como sector. Esta representa el 4% aproximadamente del PIB agregado. Se habla con insistencia de la economía de la cultura y de su importancia en apoyarla mediante políticas que la incentiven y ayuden a crecer, no a recortar gastos como es la tendencia actual que estamos viviendo. Son pocos los estados que en esta época de incertidumbre económica han mantenido la inversión en cultura, conscientes de que esta actúa como un factor dinamizador en el conjunto de la economía.

Pero no nos desviemos del tema inicial. La cultura es responsabilidad de todos no solo del Estado, por tanto hay un actor que no puede ni debe omitir su parte de responsabilidad y este actor es la sociedad civil.Esta debe tener la actitud de cooperar y defender el bien común pero claro está que para defender algo hay que sentirlo como propio y
quizás hay que lograr una implicación real y efectiva primeramente.

No creo que la cultura se sienta por la ciudadanía como un deber activo sino  que se percibe más bien como un deber del Estado hacia la sociedad. Es evidente que falta una educación para la ciudadanía. Demandamos, pedimos, criticamos al Estado y le pedimos que haga, que acierte, que adivine, que diseñe. La sociedad civil no ha conseguido crear plataformas ciudadanas activas que puedan funcionar como lobbies y como un interlocutor válido con lo público. En nuestro país se nota la ausencia de la participación social y la apropiación de la cultura por parte de la ciudadanía. Esta debería estar presente en la formulación y creación cultural.

El hecho de que la cultura haya sido tema de agenda política en estos años, ha traído aparejado una seria de problemas que se arrastran de manera crónica, como la falta de evaluación de la eficacia y eficiencia de las políticas públicas, escasa transparencia de la gestión de los presupuesto económicos y materiales, la falta de responsabilidad política en la gestión de la cultura, desunión en los profesionales del arte, y la alta dependencia de lo público.

Esta última dependencia de lo público es más grave de lo que parece. Si lo público financia la cultura, la iniciativa privada se inhibe. En un país como Inglaterra esto no ocurre porque existe un tejido ciudadano y empresarial sólido y acostumbrado a estar presente en las actuaciones culturales. Baste citar aquí el ejemplo del Teatro Pegasus de Oxford que necesitaba ampliar sus instalaciones y no tenía suficientes fondos. Gracias a la implicación de la Asociación de amigos del Museo y de la comunidad local consiguen que estos sean activos en las actividades de captación de fondos para las obras del edificio. Como resultado recolectan los fondos necesarios para realizar las obras y  la comunidad local de Oxford lo percibe como un logro de todos

Este ejemplo muestra la importancia del tejido ciudadano a la hora de sacar adelante proyectos culturales que interesan a una comunidad local y nacional. En nuestro país existe un importante tejido asociativo. Precisamente son las Asociaciones de Museos las que están consiguiendo dinamizar museos locales con pocos medios que de otra manera se verían abocados a vivir sin recursos. Pero estas actuaciones no puede limitarse solamente a instituciones museísticas. Las asociaciones y plataformas ciudadanas deben también revisar sus prioridades y actuaciones y darse cuenta de que la cultura es imprescindible. En las sociedades avanzadas donde se promueve el conocimiento por la cultura desde la infancia existe un mayor grado de desarrollo en todas las áreas de la sociedad. La cultura promueve el conocimiento y se extiende a todas las áreas productivas de una sociedad.

Es un reto  y un desafío para los ciudadanos del siglo XXI incorporarse de manera activa a la sociedad de la que formamos parte para que sea reflejo de nuestras necesidades y deseos.

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